viernes, 6 de agosto de 2010

La maldita suerte que estaba en contra mio.

Mi hermano supo ser conocido, según sus propias palabras, como el tipo con más mala suerte del mundo. Desconozco realmente quien le adjudico dicho calificativo. De lo que si estoy seguro es que esa persona nunca me conoció a mi.
Y es que yo soy de esas personas que tiran la moneda y les cae de canto. O uno de esos que juegan en el paño a todos los números y la pelotita rebota y se va del plato a la mesa vecina. Ojo que no exagero, es la pura verdad. Yo soy de ese tipo de personas que si salen sin paraguas les llueve. Pero que si por el contrario si llevan el paraguas, les terminan cayendo encima una granizada como salida de las plagas de Egipto. Total que encima de todo se me termina rompiendo el paraguas.
Muchas veces intente con los juegos de azar. Pongamos el caso del Black Jack. Todos saben que la mejor combinación posible se da con un rey y el as del mismo palo. Bueno, si a mí en la primera me tocaba el as de trébol en la siguiente me salía la jota de copas. Y como veía la mano venir como muy dura para mis bolsillos opte por dedicarme a los juegos amateur. Esos entre amigos, donde no se apuesta nada. Y con esa idea empecé a jugar en grupo al TEG. Lamentablemente muy pronto descubrí que a pesar de ser un gran estratega,tampoco me iba a ir bien en ese juego.
Como mierda ganar si cada maldito tiro de los dados resultaba siempre un número menos que el del adversario ¿no? Con Polonia sola no hay mucho por hacer.
Así que probé con el estanciero, donde me fue un poco mejor. Llegue justo para comprar terrenos y poner chacras y estancias en Jujuy y Formosa, que pagan menos que la caja de jubilaciones y donde era abonado constante de la cárcel y de las tarjetitas esas que decían que tenia que pagar impuestos hasta por cebar mate.
Así fue que poco a poco fui pasando por otros juegos. En el truco a lo sumo junto 23, (flor nunca en mi perra vida) y las cartas mas fuertes suelen ser un par de 2. Al póker ni hablar, me vuelven a tocar cartas del mazo de las españolas. Burako, domino, rummy, scrable y demás juegos no son mi fuerte para enojo de mi señora.
Incluso tengo tan, pero tan mala suerte que la vez que ésta, la suerte claro está, toco a mi puerta, yo estaba en el baño y no llegue a atender. Y bueno, me dejo un mensaje por debajo de la puerta donde decía algo así como, “pase por tu casa y no estabas gilún. Si necesitas un poco de mí llama a este número. Con cariño la suerte”. Así que ahí nomás, y contentísimo, agarre el teléfono pensando que por fin la suerte me iba a sonreír un poco. Pero después de marcar el número me respondió una máquina con el siguiente mensaje.... “Sr. Cliente su llamada no puede concretarse por falta de pago, disculpe las molestias….”
Y justo cuando empezaba a resignarme a ser inodoro de palomas (gracias a dios las vacas no vuelan), a vivir para siempre con cartas horribles y dados redondos tuve una epifanía. Si, eso mismo, un sueño místico donde comprendí que la suerte no es sólo acertarle a los números de la quiniela, meter 5 plenos seguidos en la ruleta o sacar puros 21 en el Black Jack.
Yo soy afortunado, y mucho, por la gente que me rodea. Si señor!! No seré un gran jugador de ruleta, pero tengo una esposa y una hija que llenan mi corazón. Daré asco con los dados, pero tengo amigos que valen mucho más que eso. Daré pena con las cartas, pero tengo una familia de oro. Y descubrí que soy más afortunado que muchos jugadores que pasan sus días mostrando su “buena fortuna” en los casinos. Que suerte la mía no??

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