jueves, 9 de septiembre de 2010

Albert Einstein si que la tenía clara...

por Luciano Di Giorgi

Fue Albert Einstein el que un día se despertó y mientras preparaba el mate y los biscochitos de grasa, y habiéndose quemado el dedo con el fósforo consumido, dijo “Sólo se de dos cosas infinitas, el Universo y la estupidez humana. Aunque de lo primero no estoy tan seguro”
Un verdadero capo el Alberto. Capo porque no sólo fue quien desarrolló y nos dejó la teoría de la relatividad (mi abuelo, que en paz descanse, realizo infructuosos intentos de explicármela sin éxito alguno para su gran decepción) sino que además con la frase que abre este post nos da un chivo expiatorio para los que de tanto en tanto nos mandamos alguna que otra estupidez.
Posta muchachos, yo cada vez que me mando una Di Giorgiada de aquellas, como por ejemplo dejarme las llaves dentro del auto cerrado y el resto de mi humanidad afuera del mismo, me repito constantemente “bueno, tranquilo gringo. Recordá que como bien dijo Einstein la estupidez es infinita, o sea que nos tu culpa macho, es culpa del puto infinito” Y esta frase me ayuda mucho a sentirme un poco menos estupido porque a fin de cuentas el infinito como que ya escapa a mi radio de influencia ¿no? (sobretodo si es infinito punto rojo o infinito punto azul que son muy mucho más lejanos).
Claro está que la misma frase debo repetírmela varias veces durante el lapso que demoro en reingresar al susodicho vehículo. Me la digo a mi mismo cuando me doy cuenta por primera vez de la estupidez que me mandé, y luego la reitero en diferentes momentos. La repito cuando estando fuera del auto comienza a caer una lluvia que asustaría al mismísimo Noé. Nuevamente cuando llamo a 25 cerrajeros y ninguno está disponible hasta dentro de 4 horas. Y una vez más cuando el tipo, ya abierto el auto, me faja con $100 (mínimo) por 25 segundos de trabajo.
Durante cada una de estas fases yo me repito constantemente lo mismo:
- “no es tu culpa, es culpa del infinito”- mientras me chorrea el agua de lluvia por la pelada.
- “no es tu culpa, es culpa del maldito infinito”- mientras espero durante horas cagado de frío bajo un toldo pedorro.
- “no es tu culpa, es culpa del puto de mierda del infinito”- mientras abro la billetera y descubro que no tengo plata por lo que tengo que caminar 5 cuadras bajo la misma puta lluvia hasta el cajero.
- “no es tu culpa, es culpa del hijo de una gran bataclana turca y que encima se la lastra doblada, del infinito” - mientras veo como el cerrajero se retira campante con un día de mi sueldo en su bolsillo por los servicios prestados en menos de 5 minutos. Y así sucesivamente hasta el mismísimo puto infinito.
Pero como siempre que llovió paró (y en aquella oportunidad paró justo cuando yo lograba ingresar al auto) y como para cada roto hay un descocido, yo más o menos fui armando una suerte de teoría que, aunque aún esta en fase de estudio, me animo a compartir con ustedes. Y aprovechando la teoría de la relatividad de Einstein, unidas a sus palabras sobre la estupidez, me inspiré y armé una nueva teoría que intentaré probar en este escrito.
Como les dije anteriormente mi abuelo dejó este mundo sin haber podido hacer entrar en esta cabezota (cabezota que dicho sea de paso viene de la rama vasca de esta mezcla de sangres que soy y que justamente la heredé de él) la teoría de la relatividad tal y como es. Pero algo me acuerdo de lo que me explico tantas veces y al parecer Einstein afirmaba algo así como que si dos vagos viajan juntos a más de la velocidad de la luz, ambos dos pueden llegar a ver cosas distintas, realidades distintas. Como si cada uno viajara en lados opuestos del bondi y de la ventanilla derecha uno fuera viendo la villa 31 mientras que el de la izquierda va mirando un country.
Todo visto desde esta perspectiva nos lleva a suponer que el universo es relativo y que no hay nada que pueda ser considerado absoluto (salvo el vodka) Pero tomando este concepto, medio casero, de lo relativo se me dio por mezclarlo con lo de la estupidez y creí determinar (a alguno le sonara a excusa consuelo) que la estupidez tampoco es absoluta.
Nace así la teoría de la estupidez relativa, o relativismo estupido si lo prefieren, y que en cierta forma trata de reivindicar a todos aquellos que alguna vez nos hemos mandado alguna. Es básicamente evaluar al hecho concreto desde varias perspectivas e intentar elegir la que nos haga sentir menos imbéciles. Sería algo así como ver el vaso de Fernet medio lleno o medio vacío, aunque en mi caso siempre lo vea medio vacío y no por pesimista sino porque ya ando apurado por hacerme otro antes que se acabe el hielo. Bueno, esto es más o menos así y se trata de buscarle la vuelta para sentirse menos idiota.
Pero finalmente y luego de darle muchas vueltas terminé por aceptar que la teoría de la estupidez relativa era bastante estupida. Dos casos concretos que analicé y que enumero a continuación me llevaron a ese resultado.

Caso 1:
Usted para impresionar una chica, se hace el langa en una fiesta tirando la botella de Fernet para arriba y atajándola cuando cae, al mejor estilo de Tom Cruise en Cocktail. Pero de repente la botella se le escapa, cae y se rompe en mil pedazos ensuciando todo de líquido pegote, llenando de vidrios el piso y dejando a los parroquianos sin la última botella de Fernet. Además en el intento de agarrarla hace caer la mesa y todo el resto de las botellas caen al piso. Para peor ya es la hora donde nadie te vende alcohol ni para una lastimadura.
Según la teoría relativista: usted se diría que la verdad fue una desgracia con suerte porque, no sólo que nadie se lesionó, sino que además ahora todos pueden estar tranquilos de que los controles de alcoholemia les van a dar bien. No fue una estupidez, fue un acto de buen samaritano.
Según la realidad: ¡Usted es simplemente un estúpido! ¿!Como se le puede ocurrir jugar con una botella de Fernet infeliz!? Puede jugar con el frasco de remedio de su madre moribunda…es más puede incluso tirar al aire a su madre moribunda y atajarla en el aire, pero nunca, nunca con una botella de fernet!! Si le paso esto, realmente merece que su segundo nombre sea estupido.

Caso 2:
La misma fiesta que en el anterior caso, se salvó de milagro porque a último momento cayó uno con 4 choperas en el baúl del auto y un fernet de litro en cada bolsillo. La fiesta, que por el estupido (o sea usted) casi queda arruinada se salva de milagro por el ídolo de siempre y todos terminan más chupados que el miembro viril de Julio Iglesias. Al final la chica de sus sueños, que a duras penas puede articular media palabra del pedo que tiene, le pide a usted que la lleve a su casa en auto aprovechando que van para el mismo lado. Ya se están por ir y usted en voz alta y sin poder contenerse (porque es un reverendo estúpido) pregunta “¿alguien más necesita que lo lleve, voy para el centro…?” No sólo que dejó pasar la oportunidad de llevarse a esa chica que chupada es más fácil que saltar el cordón de la vereda, sino que además el auto se le llenó de gente, de la cual no conoce ni a la mitad, estuvo hasta las mil y quinientas haciendo de taxi, y la minita que debía irse con usted, en el quilombo que fue acomodar a todos, quedó en el asiento trasero donde un avivado le hizo lo que quiso y terminó por llevársela él a la casa.
Según la teoría relativista: Usted debe reconocerse como un buen tipo, de noble gesto que no podía permitirse dejar a toda esa gente en aquella fiesta si podía darles una acercadita a sus casas. Además usted trata de convencerse de que un buen tipo como usted no se aprovecharía tan abusivamente de una mujer en estado de ebriedad.
Según la realidad: Una vez más ¡usted es simplemente un estúpido! Usted bien sabe que si no fuera por su estupidez a esta hora estaría disfrutando de la minita de la cual seguro se hubiera aprovechado como los empresarios se aprovechan de las políticas de la AFIP!!!

No hay tutía macho/a, cuando uno tiene tendencia a la estupidez no hay física que lo salve. Así que habrá que seguir viviendo en esta realidad relativa.

Aclaración importante: En caso que usted se lo este preguntando ninguno de los dos ejemplos anteriores están basados en experiencias personales y fueron descriptos sólo a modo ilustrativo. Sólo son cosas que me contó un amigo que le pasaron al hermano de un primo de su vecino. Cualquier semejanza con la realidad es mera coincidencia.

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