Del humor cordobés
por Luciano Di Giorgi
Este perejil modificado genéticamente para ser persona, vive actualmente en esta hermosísima ciudad a orillas del lago Nahuel Huapi que es San Carlos de Bariloche. Pero en realidad vio la luz en la mediterránea ciudad de Río Ceballos, en el corazón de las Sierras Chicas - Córdoba. Es decir que soy serrano y cordobés por nacimientos y patagónico por adopción.
¿Pero que significa ser cordobés? Que es el núcleo de este post. Significa que cada puta vez que digo de donde soy, mi interlocutor diga:
- “!Uy, de Córdoba! ¡Contate un chiste!” Como si todos los de mi tierra fuéramos humoristas.
O peor aún yo les digo:
- Soy cordobés -
- “me gusta el vino y la joda, y lo tomo sin soda porque así pega más”- es la respuesta casi automática del otro, emulando la canción de Rodrigo como si todos los cordobeses fuésemos cuarteteros (aunque haciendo un mea culpa debo decir que casi todos lo somos).
¿Y esto porque es? -me pregunté muchas veces - Esto es por esta tendencia mundial, muy arraigada en la Argentina, de estandarizar a las personas dependiendo su origen y procedencia. Así es como por ejemplo los nacidos en Santiago son por añadidura, vagos y fieles seguidores de la Santa Siesta. Los Tucumanos tienen fama de querencieros de lo ajeno y de buenos peleadores (la frase te gua meter una tucumana es famosa y refier a te voy a meter un cabezaso que te va a poner a dormir). Los porteños….bue, me amparo en la quinta enmienda y me reservo el derecho de opinión. Los nacidos en la provincia del gran Guemes suelen ser conocidos por jodones y fiesteros como casi todos los norteños. Se dice de los Jujeños que chupan más que revoque recién hecho. Y así podría seguir por largo rato. Y no sólo con las provincias argentas. También hay estándares para los judíos, los ingleses, los alemanes, los gallegos, los tanos y etc.
Bueno, en este afán de estandarización a los cordobeses nos ha tocado ser tildados de varias cosas.
A saber:
- Afectos al drinking (léase borrachos, curdas, beodos, mamados o similares). Y fundamentalmente adictos a ese bálsamo casi mágico llamado Fernet (ferné o Fernando Bladys en el léxico local) y que debe ser, atenti todos, Branca, con dos hielos y con Coca Cola (Cualquier otra combinación es un insulto a nuestra tierra y nuestro fino paladar fernetero)
- Cuarteteros y eximios bailarines del mismo. Acá debo hacer un parate y reconocer que hay mucho de verdad en este mito. El cuarteto es para nosotros lo que la chacarera para el santiagueño, la zamba para el salteño o el tango para el porteño. Y si, es verdad, la mayoría de los cordobeses sabemos mover las caderas bastante bien, incluidos los hombres.
- Si sos mujer andas con suerte porque las cordobesas tienen fama, con justa razón, de ser las mujeres más lindas de la argentina.
-Y por último se piensa que todos los cordobeses somos grandes contadores de chistes.
En los primeros 3 puntos no hay nada que discutir porque es la pura verdad. Salvo en el tema del cuarteto donde me lo ponen siempre al potro como referencia sin saber que Rodrigo en Córdoba nunca tuvo la fama que tuvo en el resto del país. El de Rodrigo era un cuarteto para baires. La mona, por otro lado, ese si que es referente absoluto de la docta cuartetera.
Pero es en el tema del humor donde hay que hacer más aclaraciones y donde me gustaría explayarme. Y es que hay una enorme brecha entre saber contar un chiste y ser gracioso. Un buen chiste lo puede contar cualquiera que tenga un mínimo de gracia. Sólo implica saberse bien la letra (no hay nada más estúpido que olvidar o confundir los hechos de un chiste), repasarlo un poco mentalmente antes de contarlo y si tenés un buen sentido del humor, agiornarlo un poco con gestos, voces distintas para cada personaje y un poco de expresión corporal et voilá, ahí tenés un chiste. Obviamente que hay mejores contadores que otros y Cacho Buenaventura por ejemplo contaría mejor que yo el mismo chiste. Pero básicamente cualquiera puede contar un chiste ya que no es más que una historia contada con gracia. Por eso por lo general cuando me dicen “eh córdoba, contate un chiste” a mi suele no salirme ninguno porque yo no soy rápido para el humor.
Ser gracioso es algo totalmente distinto. Ser gracioso es una cualidad que uno tiene o no desde el nacimiento y donde nada tiene que ver el saber contar un chiste. Se es gracioso en cualquier acción, momento o circunstancia. Pero hay dos tipos de graciosos. Los de gracia lenta, donde me incluyo si es que a alguien le parezco gracioso. Y los graciosos rápidos, categoría donde no me puedo incluir bajo ningún punto de vista. El de humor lento tiene que pensarlo, meditarlo y analizarlo. Escribirlo y repasarlo una y mil veces cambiando aquí, borrando allá. En cambio el de humor rápido es un ser casi imposible de tratar porque no para de tirar una tras otra haciéndote llegar muchas veces a un estado de carcajada tal que podes llegar a sufrir de calambres abdominales.
Y es en este último punto donde suelen ser famosos los cordobeses legítimos. Y digo típicos porque hay casos como el mío donde somos cordobeses de primera prensada. Claro, yo nací allí en plano corazón de la provincia serrana, pero fui el primero de mi familia en hacerlo. Todos los Di Giorgi anteriores a mi son nacidos y criados en Buenos Aires, por lo que yo no soy 100% cordobés según la teoría de la tercera generación. Es más, casi ni tengo esa tonada que resulta tan graciosa y que sale de la mezcla del español con el sanavirón (aunque alguna que otra vez se me patina el cantito debo admitir).
Pero el cordobés legítimo, el que es 100% de la tierra y de varias generaciones, ese si que es rápido para el humor, es muy rápido. Tan rápido es que, Fangio ni encendió el motor y el otro vago ya está descorchando el champucito en el podio. Es el tipo que tiene el chiste fácil, a flor de piel. El que de cualquier lado te saca un chiste, un apodo o una historia que te lleva a los extremos de la risa. Es el tipo nacido para el piropo al paso. El que te caza al vuelo cualquier defecto y lo utiliza para pegarte una buena gastada. Ese es el cordobés típico y no este gilún devenido en pseudos-escritor amateur.
Yo te puedo contar un chiste y a lo mejor te causa gracia, aunque lo más probable es que no lo haga porque soy un queso para el chiste armado. Para eso están tipos como el Cacho Buenaventura, el negro Álvarez o el Flaco Pailos. Tipos que ya armaron un show en torno a sus personas. Pero ojo, es un show que, aunque estudiado, hubiera sido imposible de hacer si estos mostros no fueran esencialmente graciosos.
El cordobés es rápido para la humorada y esa es su mejor virtud. Y quizá ahí si te acepte una suerte de estereotipo porque casi todos son rápidos. Allá he conocido gente que incluso cuando te cuenta sus desgracias son graciosos. Recuerdo por ejemplo, a un amigo que laburaba en las obras (no interpreten esto como algo discriminativo, pero entre los muchachos de las obras se encuentran verdaderos diamantes en bruto del humor) que una vez casi me caga a trompadas porque me reí de una de sus desgracias. Pasa que una conversación que debería haber sido la siguiente:
- Negro, ¿que pasa que andas con esa cara?
- No sabés lo que me paso. Un inconciente que venía muy rápido en la avenida, pasó el semáforo en rojo y la chocó a mi vieja que venía cruzando por la senda peatonal y ahora mi vieja está en el hospital toda enyesada.
Como pueden ver este en ejemplo, dicha charla bien podría haberse en cualquier lado y es realmente un tragedia que no puede menos que conmovernos y ponernos mal. Pero en cambio el sombra de horno (así le decían porque era negro, redondo y no servía pa bosta) me la contó de la siguiente manera:
- eh negro! ¿Qué pasa que andas con esa cara?
- No sabés culeao lo que paaasoo! Un infelí venía por la avenida como cabaret en quiebra, echando putas el moquero. Y paso el semáforo de la esquina, el de la Mirta viste (el uso de artículos antes de nombres propios es sello de mi tierra) como bondi lleno el animal, y no va que me la levanta a la vieja como sorete en pala ancha booludo! La tengo a la Susana (también suele llamarse a la madre por el nombre de pila) en el hospital tan vendada que parece la novia de la momia de titanes en el ring!
Y ya está, fue sólo esa conversación. Una tragedia total, pero contada de ese modo. Y ojo, no lo hizo a propósito. No quiso ser gracioso, simplemente le salió así porque así es él. Así son casi todos lo cordobeses. Y no va que yo que no pude aguantar la risa. ¡No saben como se me ofendió! Y ahí, justo ahí está la tipología del cordobés básico. En ese humor rápido, concreto, cortito y al pie.
Yo allá en Córdoba paso por tipo serio, hasta aburrido te podría decir. Pero fuera de Córdoba tengo alguna que otra changüí.
Así que ya lo saben, la próxima vez que les diga que soy cordobés no sean culeados y no me pidan un chiste, porque desde ya les digo que no me va a salir. Como dije, yo soy de humor lento. Déjenme charlar un rato, que entremos en confianza, tomemos unos vinos si es posible y van a ver como solitas van saliendo las cosas graciosas y divertidas. Ahí la vamos a pasar mejor los dos.
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