Campera Columbia Titanium 2010 $ 550
Pantalón Desmontable para trekking $ 349
Zapatillas Salomón Authentic $ 769
GPS con widescreen U$D 144, 99 (unos $ 565)
Toyota Hilux 4x4 doble cabina SRV 3.0 TDi $150.200
Celular I-Phone para llamar a la grúa $ 499
Sombrero de cuero onda Coco Dundee $180
Quedarte atorado entre la nieve y el barro de la primera cuadra de la subida de Saihueque y sintiéndote como un pelotúdo porque este gil pasó por al lado tuyo en un Clío 97 de mierda, medio destartalado y gasolero sin ningún problema hasta arriba de todo, no tiene precio. Para todo lo demás existe Garchacard.
Esto les juro que pasó hace un par de años atrás. Justo en la esquina de mi casa anterior al pie del Cerro Otto, sube la calle Saihueque que para ser honesto es bastante jodida de subir y mucho más con nieve. Y ahí se quedó este pobre señor que más tarde (porque obvio que llegué hasta arriba, estacione seguro y baje a ayudar) supe que era de Rosario y que era la primera vez que manejaba en la nieve.
¿Y a que viene toda esta perorata se preguntará usted señora? Y viene a colación del tema que voy a tratar de tratar a continuación. “del por qué que muchas veces compramos pelotudeces que no necesitamos”
A saber en el ejemplo anterior, nos encontramos a una persona que vive en una gran ciudad pero que sin embargo posee una gran camioneta 4x4 más ideal para la topografía de la luna que para la city propiamente dicha. Que además, en la primera oportunidad que tiene para justificar tan astronómico gasto, se da cuenta que sin importar la potencia, la tracción y demás cosas que la camioneta pueda ofrecerle, se queda empantanado como cualquier hijo de vecino. Y eso sin contar el GPS de última generación que te puede guiar hasta saturno, pero que no te avisa “cuidado imbécil que la zanja está tapada por nieve y no la vas a ver”. Y ni hablar del super, archi, mega celular que por más touchscreen que tenga, no te asegura que el hijo de puta de la grúa te deje esperándolo por horas en la calle pasando más frío que Walt Disney en su última morada. Ojo, no digo que sea culpa del pobre rosarino, sólo digo que por ahí le hubiera convenido gastar más plata en cursos de manejo en la nieve que en tecnología innecesaria. Y por ahí ustedes dirán “que guacho pistola este Luciano que anda por la nieve con un Clio donde las mejores todo terreno no pueden” y desde ya les digo que nos es así. Yo no soy nada fuera de lo normal. Los que convivimos con nieve sabemos andar en la nieve, así de simple. Si en cambio yo hubiera ido a Rosario, aún con GPS incluido, lo más probable es que intentando ir al monumento a la bandera hubiese terminado apareciendo en la Casa de Tucumán.
Lo mismo pasa por ejemplo con los celulares. Yo nunca lo conté pero antes trabajaba en una compañía de telecomunicaciones atendiendo las cuentas de empresas de Bariloche. Ahí se me solía dar siempre la misma situación cuando salía al mercado algún teléfono nuevo.
- Che negrito, vengo a cambiar el teléfono -
- ¿de nuevo? Si el mes pasado te llevaste la BlackBerry nueva? -
- Si, si, pero ya no me sirve. Me queda chica. Ahora quiero el nuevo que salió -
- ¿Cuál de los nuevos Marcos? Salen varios modelos nuevos por mes -
- El nuevo, el que tiene tuch escrin, con 350 gb de memoria interna y hasta servicio de planchado de camisa -
- ¿Y para que querés tanto si no usas siquiera el mail en el equipo? ¿y tanto de memoria? Si de pedo tenés la agenda cargada -
- No, no entendés, de verdad que necesito ese fono negrito -
- Ok, pero dame algún otro dato porque no se a cual de todos te referís -
- A ese nuevo… el que le vendiste ayer a Jorge -
¡Bingo! Ahí está la respuesta a mi pregunta ¿para qué carajo querés Touchsreen, memoría extendida y demás servicios si no los usas? ¡Obvio!Porque se lo vendí a Jorge, su amigo. Y Marcos no puede ser menos que Jorge. Seguro que ayer se vieron y uno le presumió al otro con el equipo que recibe mails (servicio que no usa porque me cansé de configurárselo y que el otro por inútil lo vive desconfigurando) y el Jorge le retruco diciendo, “si, pero mirá lo que me compré yo ayer” Y siguen eternamente comprando cosas cada vez más avanzadas (y por ende más caras) sólo por no ser menos que el otro.
Las modas y el condicionamiento social señoras y señores son los culpables de que muchas veces caigamos en estas compras compulsivas al reverendo pedo.
En el medio de la ciudad andan con gigantes y antieconómicos vehículos más aptos para el Paris-Dakar que para el tráfico cargadísimo de las 6 de la tarde.
Cientos de consumidores nos tiramos a comprar modelos de celulares cada vez más modernos y sin embargo en las charlas con mis amigos todos extrañamos el nokia 1100. ¿Vaya paradoja no?
Ni hablar de los guardarropas atiborrados de prendas que de pedo usamos una vez al año. Es más, conocí mujeres que se gastan cientos en cosas que después no usan porque se ven gordas (sin palabras).
Sin ir más lejos yo me compré una notebook espectacular, que aunque usada, me salió más de 2 lucas y a la cual de pedo que le uso el procesador de texto y muy de vez en cuando el paintbrush para boludear un rato. Todo para darme cuenta que con la vieja PC que tengo en el escritorio con windows 93 me bastaba y sobraba.
Últimamente me estoy dando cuenta (más forzado por la realidad económica que por mi pensamiento en si) que uno debe aprender a ser feliz con lo que tiene y no preocupado por lo que debería tener. Las patéticas frases tipo Osho, Coello o Bucal me enervan, pero hay una que me es muy útil y que no la leí en un pedorro libro de autoayuda (que en realidad sólo ayudan al autor que vendió miles de ejemplares) sino que me la dijo un sabio conocido mío que de filósofo tiene lo que yo de físico nuclear “mirá gringo, yo no tengo todo lo que quiero. Pero quiero todo lo que tengo” Y el vago es feliz.
Yo no tengo una super 4x4, pero tengo un hermoso Clio medio destruido que cada tanto me deja a pata, pero que sube las cuestas nevadas como una cabra el muy hijo de puta. Y más importante aún, que me lleva a la plaza a jugar con mi hija cuando queremos.
No tengo celular con pantalla táctil, de hecho no tengo celular y vivo tranquilo sin tener que contestar miles de sms por día de gente que está tan ocupada mandando mensajitos que no tiene tiempo de sentarse a tomar unos mates y charlar como Dios manda.
Definitivamente no tengo la última netbook, esa que entra cerrada en el bolsillo trasero del jean y que pesa menos que un paquete de yerba. Pero tengo un armatoste, que mal que mal me permite poder estar escribiendo un cuento para cuando mi Isabella aprenda a leer. Y eso para mi no tiene precio
Todavía no tengo casa propia (y a como van las cosas probablemente nunca la tenga) pero por lo menos pude alquilar una casa desde donde tengo la privilegiada vista del lago Nahuel Huapi. Algo que en los exclusivos countrys todavía no pueden ofrecer.
Haciendo un balance puedo decir que gracias a la crisis económica (sobretodo la personal) ya puedo aprender a querer todo lo que tengo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario